Hacía ya unos cuantos años que no recorría el impresionante macizo de Larra en verano. Lo recordaba duro, pero no hasta qué punto el interminable lapiaz llega a castigar las piernas cuando la nieve desaparece y deja al descubierto este inmenso laberinto de roca caliza. Aun así, volver siempre merece la pena, y más si es compartiendo la jornada con la juventud de Hugo y Lucas, que descubren este espectacular rincón del Pirineo por primera vez.
Comenzamos la ruta en el aparcamiento de la Piedra de San Martín (1.760 m), siguiendo el sendero balizado que atraviesa las praderas, en dirección al collado de Pescamou. Los primeros pasos son cómodos, pero pronto el verde deja paso al blanco de la caliza y nos adentramos en el espectacular karst de Larra, uno de los paisajes más singulares del Pirineo. Un auténtico océano de roca, repleto de dolinas, grietas y simas, donde cada paso exige atención.
Siguiendo los hitos alcanzamos el desvío que nos conduce hacia el Añelarra (2.358 m). La ascensión transcurre entre bloques y lapiaz hasta alcanzar su amplia cima, segundo techo de Navarra. Desde ella disfrutamos de unas magníficas vistas del Anie, nuestro siguiente objetivo, que se alza imponente dominando todo el macizo.
Regresamos sobre nuestros pasos hasta enlazar de nuevo con la ruta principal y continuamos hacia el Anie o Auñamendi (2.507 m). La ascensión final, aunque sin dificultades técnicas, obliga a buscar el mejor paso entre la roca caliza hasta alcanzar una de las cumbres más emblemáticas del Pirineo. Desde su cima las vistas son sencillamente espectaculares, con un inmenso horizonte de montañas que abarca buena parte del Pirineo occidental.
Para el descenso optamos por una variante diferente, bajando por el collado de Anies. Esta opción nos permite realizar un recorrido más variado y contemplar el Anie desde otra perspectiva antes de adentrarnos de nuevo en el inmenso laberinto kárstico de Larra. Atravesamos buena parte del corazón del macizo hasta enlazar nuevamente con el sendero principal, desde donde ya solo queda desandar el camino hasta el aparcamiento de la Piedra de San Martín.
Una jornada exigente, de esas que terminan acumulando más cansancio del que aparentan los números. El terreno kárstico ralentiza muchísimo la marcha y obliga a caminar siempre atentos, buscando el mejor paso entre las grietas de la caliza. Pero recorrer Larra siempre es una experiencia única. Un paisaje salvaje y diferente, donde la roca es la auténtica protagonista y que nunca deja indiferente. Una auténtica gozada volver a pisar estas montañas, aunque también me recordó por qué las rutas por este macizo acaban haciéndose tan largas cuando falta el manto de nieve.
Track y mapa del recorrido
Perfil y datos del recorrido
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Mientras ascendemos por el cordal del Añelarra, por medio de una de las numerosas brechas que lo surcan, tenemos la vista de la esbelta silueta del Billare y, mucho más al fondo, emerge la inconfundible figura del Midi d'Ossau, recortándose sobre el horizonte
El cordal del Añelarra se extiende hacia su cima occidental, ofreciendo una espectacular perspectiva sobre el macizo de Larra. Al fondo, el valle de Belagua pone el contraste de verdor frente al inmenso océano de roca caliza que domina el primer plano
Buzón, más bien figura del mapa de Navarra en la cima de Añelarra
Los caprichos de la erosión han esculpido en la roca caliza un sinfín de formas y figuras. Cada rincón del karst de Larra sorprende con curiosas texturas y relieves que convierten el paisaje en un auténtico museo geológico al aire libre
Superando uno de los numerosos pasos que nos encontramos a lo largo del recorrido por el laberinto kárstico de Larra
Ya en la pala final, muy cerca de la cima, contemplamos la continua fila de montañeros que asciende hacia la cumbre
Hacia el oeste se despliega una magnífica panorámica sobre la espectacular depresión de La Countende, el valle de Anaye y las esbeltas agujas del Billare, dominadas por la imponente muralla de Les Tourelles, que cierra el horizonte
La vista hacia el Oeste ofrece una magnífica panorámica sobre el valle de Belagua, enmarcado por las cimas de Lakora y Lakartxela. Cerrando el horizonte se elevan las montañas de Otxogorrigane, Barazea y Orhi, completando una de las estampas más representativas del Pirineo navarro
Hacia el norte se extiende una amplia panorámica sobre el Arlas y la estación de esquí de Arette-La Pierre Saint-Martin. Más allá, un espectacular mar de nubes cubre por completo los valles franceses, creando un magnífico contraste con el soleado macizo de Larra
Hacia el este se abre una espectacular panorámica sobre un interminable mar de cumbres pirenaicas. La sucesión de picos que se pierde en el horizonte transmite a la perfección la grandiosidad y la inmensidad del Pirineo
Tras disfrutar de la cima y de las magníficas panorámicas que ofrece el Anie, comenzamos el descenso por su amplia pala sur, perdiendo altura de forma rápida
Frente a nosotros vuelve a abrirse la inmensidad del macizo de Larra. Al fondo emerge la inconfundible silueta del Arlas, hacia donde ponemos rumbo para completar el regreso, atravesando una vez más el interminable laberinto de roca caliza
Giramos en dirección al collado de Anies. A partir de aquí, el recorrido atraviesa de nuevo el laberinto kárstico de Larra, aunque la progresión resulta sencilla gracias a la abundante señalización mediante hitos y marcas de pintura amarilla, que permiten seguir el itinerario sin demasiadas dificultades
Desde el collado de Anies disfrutamos de una magnífica perspectiva del Anie, cuya elegante silueta piramidal domina por completo el paisaje y permite apreciar la dimensión de la montaña que acabamos de ascender
El Anie sobresale entre el inmenso caos de roca de Larra, regalando otra de las magníficas panorámicas que ofrece esta ascensión
Atravesando uno tras otro los numerosos pasos que el laberinto kárstico de Larra nos obliga a superar durante el regreso
Volvemos a enlazar con el sendero de subida, dejando atrás el exigente recorrido por el corazón del macizo de Larra
El refugio de los Espeleólogos, situado a los pies del Arlas, marca la salida del laberinto kárstico y el regreso a un terreno mucho más cómodo para afrontar los últimos kilómetros de la ruta
Grupo de vacas pastando en los prados que dominan la estación de esquí de Arette-La Pierre Saint-Martin
Alcanzamos de nuevo el collado de Pescamou, desde donde disfrutamos de las vistas sobre el valle de Belagua. A estas alturas de la jornada el calor aprieta con fuerza y, tras comentarlo, decidimos renunciar a la ascensión al Arlas
Recorriendo la ladera occidental del Arlas por un cómodo sendero que, entre praderas de montaña, nos conduce de regreso hacia la Piedra de San Martín
Magnífica panorámica con el Arlas en primer término y, al fondo, la inconfundible silueta del Anie, que poco a poco va quedando atrás mientras nos acercamos al final de la ruta
Llegando al aparcamiento, el espectacular mar de nubes sobre los valles franceses nos regala la última gran panorámica de la jornada
Finalmente llegamos al collado de Erlant, más conocido como la Piedra de San Martín, donde damos por concluida esta magnífica ruta circular tras recorrer dos de las cimas más emblemáticas del macizo de Larra

























