miércoles, 5 de agosto de 2026

AÑELARRA Y ANIE/AUÑAMENDI- 1-8-26









 Hacía ya unos cuantos años que no recorría el impresionante macizo de Larra en verano. Lo recordaba duro, pero no hasta qué punto el interminable lapiaz llega a castigar las piernas cuando la nieve desaparece y deja al descubierto este inmenso laberinto de roca caliza. Aun así, volver siempre merece la pena, y más si es compartiendo la jornada con la juventud de Hugo y Lucas, que descubren este espectacular rincón del Pirineo por primera vez.

Comenzamos la ruta en el aparcamiento de la Piedra de San Martín (1.760 m), siguiendo el sendero balizado que atraviesa las praderas, en dirección al collado de Pescamou. Los primeros pasos son cómodos, pero pronto el verde deja paso al blanco de la caliza y nos adentramos en el espectacular karst de Larra, uno de los paisajes más singulares del Pirineo. Un auténtico océano de roca, repleto de dolinas, grietas y simas, donde cada paso exige atención.

Siguiendo los hitos alcanzamos el desvío que nos conduce hacia el Añelarra (2.358 m). La ascensión transcurre entre bloques y lapiaz hasta alcanzar su amplia cima, segundo techo de Navarra. Desde ella disfrutamos de unas magníficas vistas del Anie, nuestro siguiente objetivo, que se alza imponente dominando todo el macizo.

Regresamos sobre nuestros pasos hasta enlazar de nuevo con la ruta principal y continuamos hacia el Anie o Auñamendi (2.507 m). La ascensión final, aunque sin dificultades técnicas, obliga a buscar el mejor paso entre la roca caliza hasta alcanzar una de las cumbres más emblemáticas del Pirineo. Desde su cima las vistas son sencillamente espectaculares, con un inmenso horizonte de montañas que abarca buena parte del Pirineo occidental.

Para el descenso optamos por una variante diferente, bajando por el collado de Anies. Esta opción nos permite realizar un recorrido más variado y contemplar el Anie desde otra perspectiva antes de adentrarnos de nuevo en el inmenso laberinto kárstico de Larra. Atravesamos buena parte del corazón del macizo hasta enlazar nuevamente con el sendero principal, desde donde ya solo queda desandar el camino hasta el aparcamiento de la Piedra de San Martín.

Una jornada exigente, de esas que terminan acumulando más cansancio del que aparentan los números. El terreno kárstico ralentiza muchísimo la marcha y obliga a caminar siempre atentos, buscando el mejor paso entre las grietas de la caliza. Pero recorrer Larra siempre es una experiencia única. Un paisaje salvaje y diferente, donde la roca es la auténtica protagonista y que nunca deja indiferente. Una auténtica gozada volver a pisar estas montañas, aunque también me recordó por qué las rutas por este macizo acaban haciéndose tan largas cuando falta el manto de nieve.

Track y mapa del recorrido


Perfil y datos del recorrido









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A las ocho de la mañana llegamos al aparcamiento de la Piedra de San Martín. A pesar de lo temprano de la hora, me sorprende la cantidad de coches que ya hay estacionados. Está claro que el Anie sigue siendo una de las montañas más codiciadas del Pirineo y que no somos los únicos que hemos madrugado para disfrutar de esta clásica ascensión

A los pocos minutos de comenzar a caminar, el Anie aparece al fondo, dominando el horizonte con su característica silueta piramidal 

Recorrer la ladera occidental del Arlas por un sendero cómodo y bien marcado, que nos conduce sin apenas desnivel hasta el collado de Pescamou

Desde aquí merece la pena detenerse unos instantes para contemplar el amplio paisaje sobre la zona de La Contienda y el valle de Belagua, enmarcados por las cimas de Lakora y Lakartxela. Al fondo, cerrando el horizonte, se alzan las montañas de Otxogorrigane, Baracea y Orhy

Dejamos atrás el refugio de los Espeleólogos y, apenas unos metros después, nos adentramos de lleno en el macizo de Larra.  A partir de aquí el paisaje cambia por completo: desaparecen los prados y comienza el interminable laberinto de lapiaces, dolinas y roca caliza que caracteriza a este espectacular karst. Al fondo el pico Soumcouy


Un auténtico océano de roca caliza, salpicado de dolinas y lapiaces, se extiende hasta la inconfundible silueta del Anie, que se alza majestuosa dominando todo el macizo

Merece la pena detenerse un instante y echar la vista atrás. La inconfundible figura del Arlas domina el horizonte y pone en perspectiva todo el terreno recorrido desde la Piedra de San Martín, mientras la inmensidad del karst de Larra se despliega a nuestros pies

Hacia el norte, un espectacular mar de nubes cubre por completo los valles franceses, mientras que el macizo de Larra disfruta de un cielo completamente despejado

La clásica estampa del Anie desde el callejón de subida, una de las imágenes más emblemáticas de esta ascensión

Hugo y Lucas posando con el Anie al fondo

Hugo superando uno de los numerosos pasos entre el laberinto kárstico de Larra, un terreno tan espectacular como exigente

Contemplando la inmensidad del macizo de Larra. Al fondo destaca la cima del Añelarra, nuestro primer objetivo de la jornada. Desde aquí resulta inevitable preguntarse por dónde discurrirá el itinerario entre este interminable laberinto de roca caliza

El Soumcouy se alza majestuoso al otro lado del macizo

Mientras ascendemos por el cordal del Añelarra, por medio de una de las numerosas brechas que lo surcan, tenemos la vista de la esbelta silueta del Billare y, mucho más al fondo, emerge la inconfundible figura del Midi d'Ossau, recortándose sobre el horizonte

Panorámica desde la cima de Añelarra. Soumcouy, Anie, Billare, Pene Blanc, Mesa, Petrechema........y por el fondo Midi, Anayet, Telera, Collarada, Bisaurin......

En primer término destaca la cima de Casterné. Tras ella se alza la elegante silueta del Billare y, cerrando el horizonte, emerge la inconfundible figura del Midi d'Ossau y muchas más cimas

El cordal del Añelarra se extiende hacia su cima occidental, ofreciendo una espectacular perspectiva sobre el macizo de Larra. Al fondo, el valle de Belagua pone el contraste de verdor frente al inmenso océano de roca caliza que domina el primer plano

Foto de cima en el Añelarra

Buzón, más bien figura del mapa de Navarra en la cima de Añelarra

Comenzamos el descenso del Añelarra y, frente a nosotros, tenemos el Anie dominando el horizonte. Desde este punto el itinerario se aprecia con claridad y ya intuimos por dónde debemos dirigirnos para alcanzar la amplia pala que conduce a la cima



Los caprichos de la erosión han esculpido en la roca caliza un sinfín de formas y figuras. Cada rincón del karst de Larra sorprende con curiosas texturas y relieves que convierten el paisaje en un auténtico museo geológico al aire libre

Superando uno de los numerosos pasos que nos encontramos a lo largo del recorrido por el laberinto kárstico de Larra

Ya en la pala final, muy cerca de la cima, contemplamos la continua fila de montañeros que asciende hacia la cumbre

Hacia el oeste se despliega una magnífica panorámica sobre la espectacular depresión de La Countende, el valle de Anaye y las esbeltas agujas del Billare, dominadas por la imponente muralla de Les Tourelles, que cierra el horizonte

La vista hacia el Oeste ofrece una magnífica panorámica sobre el valle de Belagua, enmarcado por las cimas de Lakora y Lakartxela. Cerrando el horizonte se elevan las montañas de Otxogorrigane, Barazea y Orhi, completando una de las estampas más representativas del Pirineo navarro

Hacia el norte se extiende una amplia panorámica sobre el Arlas y la estación de esquí de Arette-La Pierre Saint-Martin. Más allá, un espectacular mar de nubes cubre por completo los valles franceses, creando un magnífico contraste con el soleado macizo de Larra

Lo que queda del buzón cimero con una piedra encima con el nombre de Auñamendi, y hacia el Sur, Mesa, Budogia, Acherito, Chinebral, Castillo......

Foto cimera

Hacia el este se abre una espectacular panorámica sobre un interminable mar de cumbres pirenaicas. La sucesión de picos que se pierde en el horizonte transmite a la perfección la grandiosidad y la inmensidad del Pirineo

Tras disfrutar de la cima y de las magníficas panorámicas que ofrece el Anie, comenzamos el descenso por su amplia pala sur, perdiendo altura de forma rápida

Abandonamos la pala sur y giramos hacia el norte para recorrer la base de la cara norte del Anie. Un cómodo sendero nos conduce en dirección al collado de Anies, mientras disfrutamos de una perspectiva completamente diferente de la montaña, al fondo el collado de Anies y Soumcouy

Frente a nosotros vuelve a abrirse la inmensidad del macizo de Larra. Al fondo emerge la inconfundible silueta del Arlas, hacia donde ponemos rumbo para completar el regreso, atravesando una vez más el interminable laberinto de roca caliza

La cómoda senda nos conduce sin dificultad hasta el collado de Anies, situado a los pies del imponente Soumcouy

Giramos en dirección al collado de Anies. A partir de aquí, el recorrido atraviesa de nuevo el laberinto kárstico de Larra, aunque la progresión resulta sencilla gracias a la abundante señalización mediante hitos y marcas de pintura amarilla, que permiten seguir el itinerario sin demasiadas dificultades

Desde el collado de Anies disfrutamos de una magnífica perspectiva del Anie, cuya elegante silueta piramidal domina por completo el paisaje y permite apreciar la dimensión de la montaña que acabamos de ascender

Recorremos el imponente macizo de Larra, avanzando por su interminable laberinto de roca caliza, donde lapiaces, dolinas y grietas obligan a buscar continuamente el mejor paso entre este extraordinario paisaje kárstico

El Anie sobresale entre el inmenso caos de roca de Larra, regalando otra de las magníficas panorámicas que ofrece esta ascensión

Atravesando uno tras otro los numerosos pasos que el laberinto kárstico de Larra nos obliga a superar durante el regreso



Volvemos a enlazar con el sendero de subida, dejando atrás el exigente recorrido por el corazón del macizo de Larra

El refugio de los Espeleólogos, situado a los pies del Arlas, marca la salida del laberinto kárstico y el regreso a un terreno mucho más cómodo para afrontar los últimos kilómetros de la ruta

Grupo de vacas pastando en los prados que dominan la estación de esquí de Arette-La Pierre Saint-Martin

Alcanzamos de nuevo el collado de Pescamou, desde donde disfrutamos de las vistas sobre el valle de Belagua. A estas alturas de la jornada el calor aprieta con fuerza y, tras comentarlo, decidimos renunciar a la ascensión al Arlas

Recorriendo la ladera occidental del Arlas por un cómodo sendero que, entre praderas de montaña, nos conduce de regreso hacia la Piedra de San Martín

Magnífica panorámica con el Arlas en primer término y, al fondo, la inconfundible silueta del Anie, que poco a poco va quedando atrás mientras nos acercamos al final de la ruta

Llegando al aparcamiento, el espectacular mar de nubes sobre los valles franceses nos regala la última gran panorámica de la jornada

Finalmente llegamos al collado de Erlant, más conocido como la Piedra de San Martín, donde damos por concluida esta magnífica ruta circular tras recorrer dos de las cimas más emblemáticas del macizo de Larra










viernes, 31 de julio de 2026

SAN LORENZO (Techo de la Rioja), vivac en la cima. 25-7-26

 










Después de darle bastantes vueltas a la meteorología, finalmente decidimos ir a vivaquear a la cima del San Lorenzo, techo de La Rioja, y aprovechar la ocasión para completar un nuevo reportaje para el proyecto de los Techos Provinciales.

A las cinco de la tarde me reúno con mis compañeros de aventura, Josetxo y Hugo, para quien además será su primer vivac en montaña. Desde allí ponemos rumbo a la estación de esquí de Valdezcaray, punto de inicio de la ruta.

Preparamos las mochilas con todo lo necesario para pasar la noche en la cumbre y, a las siete y cuarto de la tarde, comenzamos a caminar siguiendo la pista de La Cascada hasta llegar a la zona de alquileres. Allí giramos a la derecha para continuar por la pista de El Rehoyo, que seguimos hasta la cafetería El Freskito, donde enlazamos con la pista Colocobia, por la que ascendemos hasta su final.

Superado el tramo de pistas de esquí, el recorrido cambia por completo. Una estrecha y empinada senda gana altura rápidamente por la vertiente oeste de la montaña, atravesando varias pedreras inestables que obligan a caminar con precaución. Poco a poco nos asomamos sobre la vertiente norte, desde donde contemplamos sus profundos corredores. Casi sin darnos cuenta alcanzamos la cima del San Lorenzo (2.271 m), el techo de La Rioja.

En la cumbre encontramos el vértice geodésico, un buzón montañero, el altar con la Virgen del Pilar y la imagen de San Lorenzo, que da nombre a la montaña. Desde este magnífico balcón disfrutamos de una amplia panorámica sobre la Sierra de la Demanda, los Montes Obarenes y buena parte del Sistema Ibérico, mientras las últimas luces del día van tiñendo el paisaje.

Buscamos el mejor lugar para montar el vivac y, junto al altar, encontramos un amplio refugio de piedras con buenos muros que nos protegerán del viento que sopla en la cima. Una vez preparado todo, llega uno de los mejores momentos de la jornada, la cena. El menú no tiene estrellas Michelin, pero sabe a gloria, yatekomo, tortilla, embutido y, para terminar, un buen capuchino caliente. Mientras cenamos contemplamos cómo el sol desaparece lentamente por el horizonte y la luna comienza a adueñarse del cielo.

La noche transcurre tranquila, sin apenas viento y con una temperatura muy agradable. Dormimos a ratos, como suele ocurrir en casi todos los vivacs, pero la experiencia merece la pena.

A las siete de la mañana ya estamos despiertos. Desayunamos mientras esperamos el amanecer. Las previsiones se han cumplido y abundan las nubes, que impiden disfrutar de un amanecer completamente despejado, aunque el ambiente sigue siendo espectacular.

Recogemos todo cuidadosamente, sin dejar rastro de nuestro paso por la cima, y comenzamos la ruta prevista para completar el recorrido. Descendemos por la ladera este en dirección a la llegada de la silla de Campos Blancos y continuamos bajando por la pista hasta alcanzar el collado o Portillo Nestaza.

Abandonamos las pistas para seguir una senda que asciende hasta la cima de Cabeza Parda (2.119 m). Esta cumbre ofrece una magnífica perspectiva del San Lorenzo y de toda la cresta que todavía nos queda por recorrer. En ella encontramos un hito, un buzón montañero y un excelente lugar para detenerse unos minutos a contemplar el paisaje.

Siguiendo la línea de hitos descendemos por la vertiente opuesta hasta el collado de Ormazal, desde donde iniciamos la subida, por un sendero bien marcado, hacia la cima de La Cuña (2.008 m). Nos recibe un bonito buzón montañero, un pequeño homenaje a quienes disfrutan recorriendo estas montañas.

Continuamos por la cómoda senda que recorre el cordal hasta alcanzar la última cima del día, Guilicerra (1.931 m). Su cumbre está señalizada por un gran mojón de piedras y dos buzones montañeros. En esta ocasión apenas podemos disfrutar de las vistas, ya que la niebla termina cubriendo por completo la montaña.

Sin apenas detenernos comenzamos el descenso, inicialmente sin senda definida, hasta enlazar con un sendero que pierde altura mediante amplios zigzags. Aunque en algunos tramos la vegetación invade parcialmente el camino, se progresa sin demasiadas dificultades. Cerca de un collado abandonamos esta bajada para tomar un sendero a la izquierda que recorre la ladera durante varios kilómetros hasta regresar nuevamente a las pistas de la estación.

Ya en ellas descendemos cómodamente hasta las edificaciones de Valdezcaray y enlazamos con la pista de La Cascada, la misma por la que iniciamos la marcha la tarde anterior, completando así el regreso al aparcamiento.

Finalizamos una ruta muy completa y variada que combina la ascensión y el vivac en el techo de La Rioja con el recorrido por varias cumbres secundarias de gran interés. Se trata de un itinerario técnicamente sencillo, pero muy especial por la experiencia de pasar la noche en la cima y contemplar allí el atardecer y el amanecer. Sin duda, una de esas actividades que permanecen en la memoria mucho tiempo después de haber regresado a casa.


Mapa y track del recorrido


Perfil y datos del recorrido









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Para las siete y cuarto de la tarde emprendemos la marcha desde el casi vacío aparcamiento de la estación de esquí de  Valdezcaray

La primera pista por la que subimos es por La Cascada




Rápidamente llegamos a la zona de edificaciones de la estación, y giramos hacia la derecha, fuera de pista para terminar subiendo por la pista del Rehoyo

Subiendo por fuera de pista hasta alcanzar la pista del Rehoyo que tenemos por arriba

Vistas de la estación y sus edificios intermedios que van quedando abajo, al fondo La Cuña

Llegamos a la zona de la cafetería y el inicio de la silla y pista de Colocobia, por la que subiremos  

Subiendo por la pista Colocobia, y a nuestra izquierda tenemos toda la cara norte del San Lorenzo

Todo lo que hemos subido al fondo Cabeza Parda

Contraluz para terminar de subir la pista

Al terminar la pista, por la izquierda ya vemos la senda por la que tenemos que subir hacia la cima

Empinada e inestable por la cantidad de piedras sueltas pero se camina bien, ganando metros de desnivel rápidamente

Posando junto a la salida de uno de los corredores de la cara norte

Mirada hacia la estación desde arriba la de la cara norte con Cabeza Parda al fondo

Y tras la última rampa llegamos a la cima de San Lorenzo, son las nueve menos cuarto, hora y media nos ha costado subir

Tenemos tiempo de sobra, para elegir el mejor sitio para dormir, aunque lo elegimos rápido, junto al altar y pedestal

Selfi justo despues de llegar a la cima

Lo primero que hacemos preparar el vivac

Y una vez preparados los aposentos a  disfrutar del atardecer

Nos deja bonitos colores  

Cuando el sol casi ha desaparecido y las nubes lo van tapando es hora de ir a cenar

Nos metemos a cubierto en nuestro vivac y a preparar y degustar la rica cena, no hay otra cosa así que riquísima

Hugo degustando su primera cena en un vivac

Y después de cenar toca salir a fotografiar la noche, la luna está en creciente a tres días de estar llena e ilumina bastante

Las luces de los pueblos de los valles aparecen

Ya solo nos queda meternos al saco y dormir


Pasa la noche, entre ratos de sueño y medio despierto, y vuelta para aquí y para allá, pero en definitiva es lo que tiene el hacer un vivac sin estar cansado, que no duermes mucho, pero también se disfruta viendo las estrellas, escuchando el viento, los ruidos.........pero al final llega de nuevo el día, y en cuanto comienza a clarear estoy en pie.
 El refugio de chapa de la cima, en buenas condiciones aunque con la puerta rota, y al fondo Urbión 

La previsión de la meteo se cumple y tenemos muchas nubes, hacia el este por donde bajaremos, Cabeza Parda en primer término

Panorámica de la cima con el vivac

Los valles amanecen cubiertos de niebla

Y el sol comienza aparecer entre las nubes
Poco a poco va cogiendo energía y altura para calentarnos
De momento el sol gana a las nubes e ilumina la cima

Hay alguno que no quiere salir del saco 

Los rayos de sol se abren paso entre las nubes
Antes de abandonar la cima, foto en el vértice

Aunque es la sexta vez que subo al San Lorenzo, foto en el vértice para nuestro proyecto de Techos Provinciales

Justo cuando vamos a partir, con los valles cubiertos por la niebla nos despedimos de la cima


Bajando hacia la silla de Campos Blancos 





En la silla de Campos Blancos ya hemos entrado en calor y nos quitamos la ropa

Vista del San Lorenzo y la pista Campos Blancos desde el portillo Nestaza

En el portillo Nestaza abandonamos la pista y comenzamos a subir hacia Cabeza Parda
Y en cinco minutos estamos en su cima

Panorámica hacia el San Lorenzo de donde venimos, ya vemos como las nieblas de los valles van subiendo hacia las cimas

Buzón de la cima y al fondo, el cordal que vamos a recorrer, en primer término La Cuña

Vistas de la estación y sus pista y edificios

Llegando al collado Ormazal al fondo la subida hasta La Cuña

Josetxo llegando a la cima de La Cuña, al fondo Cabeza Parda y San Lorenzo

Buzón cimero y San Lorenzo, la niebla cada vez más alta

Selfi en la cima

Panorámica desde la cima

Volvemos a caminar sobre el cordal y ya vemos el siguiente objetivo

La subida a Guilicerra la terminamos en medio de la niebla

Buzón de la cima Guilicerra

El primer tramo de la bajada lo hacemos campo a través, hasta que conectamos con la senda que baja por la izquierda del collado, vamos hacia el collado donde pega el sol 

La senda baja en varios zig zag y en algún tramo bastante cerrada por la vegetación 

Panorámica en las cercanías del collado, antes de llegar al fondo giramos a la izquierda

Una vez en el collado de abajo, giramos dirección a la estación por una senda que va a media ladera

Al fondo la estación y San Lorenzo cubierto por la niebla

Ya sobre las pistas de la estación, solo nos queda bajar por ellas

El gran edificio intermedio de la estación

Y desde la pista La Cascada ya vemos el aparcamiento, y el final de la ruta

Selfi de final de ruta, comentar que para las once de la mañana ya hemos terminado y la previsión se cumplió, ya que para las once y media comenzó a llover, daban tormentas a partir de las once,,,,,por los pelos