Seguimos con nuestras vacaciones de Semana Santa por tierras toledanas. Hoy toca jornada grande, coronar el Cerro del Rocigalgo, también conocido como Corocho del Rocigalgo o simplemente Rocigalgo, techo de la provincia de Toledo con sus 1.448 metros. Con su cima sumamos otro más a la colección… ya van 47 de 50 en este bonito proyecto.
El Rocigalgo se alza al sur de la provincia, dentro del término municipal de Los Navalucillos, en pleno corazón de los Montes de Toledo y dentro del Parque Nacional de Cabañeros.
El punto de inicio lo situamos en la caseta de información del Chorro. Para llegar hasta allí atravesamos el pueblo de Los Navalucillos en dirección a Robledo del Buey y, tras unos 10 km por la carretera CM-4155, tomamos un desvío perfectamente señalizado por una pista de cemento rojizo. El camino desciende hasta cruzar el río Pusa, pasa junto al área recreativa de Las Becerras y se convierte en pista de tierra en buen estado, que nos deja en el parking habilitado junto a la caseta. Track de recorrido hasta el aparcamiento del Chorro.
Allí mismo recibimos información detallada de la ruta y del parque, lo que siempre se agradece antes de echar a andar.
Comenzamos la ruta siguiendo la senda del Chorro. Desde los primeros pasos, unos postes numerados con la parte superior verde nos acompañan, marcando diferentes puntos interpretativos. A los pocos minutos cruzamos el arroyo de la Arañosa y continuamos remontando junto al Arroyo del Chorro, que será nuestro fiel compañero durante buena parte de la subida.
Los primeros kilómetros discurren entre una vegetación típicamente mediterránea: jaras, encinas y un entorno rico y variado gracias a la humedad del arroyo y al juego de solanas y umbrías.
Tras cruzar un pequeño puente de obra, el camino nos conduce hasta una caseta de toma de agua, donde comienza una senda más definida, señalizada ahora con postes de color amarillo. La pendiente es suave pero constante, hasta alcanzar la bifurcación hacia la cascada del Chorro.
Un breve desvío nos lleva hasta una pasarela de madera y su mirador. Allí aparece, de golpe, el Chorro: una espectacular caída de agua de unos 18 metros, encajonada en la roca, rodeada de vegetación húmeda y fresca donde destacan helechos y especies rupícolas. Un rincón que invita a detenerse.
Volvemos sobre nuestros pasos y continuamos ascendiendo. El sendero gana algo de carácter, aunque sin dificultad, hasta alcanzar un tramo de cornisas equipado con una cadena a modo de pasamanos. Más adelante, otra breve escapada nos lleva a la Chorrera Chica, más modesta pero igualmente interesante.
De nuevo en la ruta principal, el cartel indica una hora y media hasta la cima. Cruzamos el arroyo y el paisaje cambia, dejamos atrás el encinar para adentrarnos en un hermoso rebollar. El ambiente se vuelve más fresco, con rocas cubiertas de musgo que le dan un aire casi mágico al lugar.
Alcanzamos el collado del Chorro y giramos a la izquierda. Desde aquí, el último tramo se presenta corto pero exigente. Un esfuerzo final que nos deposita en la cima.
Arriba, el terreno se allana y encontramos una estación meteorológica, un mirador de madera y el vértice geodésico que confirma que estamos en el Rocigalgo. Las vistas se abren hacia los Montes de Toledo y hacia la sierra de Gredos al norte.
Tras un merecido descanso, iniciamos el descenso por la ruta de la Sierra Fría. Esta alternativa, más larga, está señalizada con postes de color amarillo y acompañada por paneles interpretativos sobre la riqueza natural del entorno.
El recorrido no es un descenso directo, avanzamos por la divisoria, con continuos sube y baja que regalan amplias panorámicas de las sierras cercanas. Una bajada pronunciada nos lleva al collado Frío, donde un solitario banco invita a parar. Desde allí afrontamos una última subida hacia la vertiente norte de la Sierra Fría, antes de alcanzar el mirador del río Pusa, con vistas que alcanzan incluso a Gredos y Guadarrama.
A partir de aquí, la pista se sumerge de nuevo en el robledal. El descenso se vuelve más acusado, siguiendo la pista que zigzagueando salva el desnivel mientras el paisaje vuelve poco a poco a la vegetación mediterránea de jaras y encinas.
Finalmente, alcanzamos el puente de madera sobre el Arroyo del Chorro. Tras cruzarlo, solo queda una pequeña subida que nos devuelve al parking de la caseta de información, cerrando así una ruta completa, variada y muy agradecida.
Otro techo más para la colección… y otro día redondo en la mochila, disfrutando del entorno y de la buena compañía de Amaia, Edurne y Josetxo.
Mapa y track del recorrido del Chorro y Rocigalgo





















































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