Aprovechando una pequeña ventana que nos regala la meteo, nos vamos con Pablo y Hugo, mis sobrinos, y con Josetxo hasta el Santuario de Codés. La idea inicial era raquetear por el Pirineo, pero este invierno está empeñado en cerrar puertas por allí, así que cambiamos de escenario. El Ioar luce completamente blanco desde la parte media. Suficiente motivo.
Aparcamos en la parte baja del monasterio, silencio, frío, miradas hacia arriba, la cima nevada marca el objetivo sin necesidad de palabras.
Comenzamos por la carretera de la izquierda, dejando el santuario a mano derecha. Enseguida alcanzamos un claro del que nace un sendero en dirección oeste. Allí dejamos el asfalto y entramos en terreno de monte, la montaña empieza de verdad cuando se pisa tierra.
Seguimos la senda y nos encontramos varios cruces, pero sin duda, la referencia es clara, las Agujas, las Dos Hermanas. Esas moles pétreas que se alzan como centinelas y hacia las que dirigimos el paso. Las bordeamos por el sur y alcanzamos una pista que nos lleva hasta la fuente de Valdillera. Giro a la derecha y rumbo al Valle de los Penitentes.
Aquí cambia el guion, el sendero se empina con decisión, barranco húmedo, agua corriendo, roca resbaladiza. El desnivel se gana metro a metro siguiendo hitos, en la parte alta aparece la nieve, primero tímida, luego continua. Extremamos la precaución, en algunos puntos las manos entran en juego, la respiración se acelera, el pulso sube y el valle queda abajo, encajonado y pequeño.
Salimos del barranco y el paisaje se abre. Frente a nosotros, la ladera blanca y la antena que corona el Ioar. El sendero, ahora más tendido y a media ladera, desaparece bajo la nieve. Toca intuirlo, abrimos huella buscando la trazada más lógica, pasando bajo Peña Blanca y el Pico Royo. El viento castiga, las nubes entran y salen, el ambiente se vuelve áspero.
La suerte nos cruza con un montañero que baja acompañado de dos perros. Su huella nos facilita el trabajo hasta la cima, en invierno y en días como este, esos pequeños detalles marcan la diferencia.
Alcanzamos la cumbre con esfuerzo, la niebla lo cubre todo. No hay vistas, pero la cencellada es espectacular. Antenas, vallas, piedras y hayas aparecen recubiertas de hielo blanco, moldeadas por el viento. Nos resguardamos unos minutos junto a las vallas para tomar un café caliente. Breve parada, el frío no invita a más.
Iniciamos el descenso hacia el este. Entramos en el hayedo, completamente blanco. Un tramo precioso, silencioso, casi mágico. La nieve amortigua el sonido de los pasos y el bosque parece detenido en el tiempo.
Poco a poco la niebla se va retirando. Alcanzamos la llanura, en el collado de La Plana, donde conectamos con el GR-1. Desde aquí solo queda seguir sus marcas, descendiendo por la senda del Puerto hasta los corrales de Codés, donde nos reciben enormes robles centenarios, firmes y serenos.
Finalmente regresamos al Santuario de Codés, cerrando una circular intensa y variada. Día de esfuerzo, de viento y de nieve. Día de montaña compartida. Y de esos que dejan huella, y más para los jóvenes iniciándose en este mundo de la montaña y en el que han aprendido y disfrutado de una gran excursión.
Mapa y track del recorrido
Perfil y datos del recorrido
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Y terminamos con una foto de la torre del santuario











































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